Yana está disponible a cualquier hora para escuchar y acompañar a cada vecino — no es un psicólogo, es un servicio público que llega antes de que una situación difícil se vuelva emergencia.
En América Latina, la mayoría de las personas con malestar emocional no llega nunca a un profesional. No por falta de voluntad — sino porque no existe una primera puerta accesible, cercana y sin estigma.
Cuando alguien busca ayuda, muchas veces encuentra listas de espera, turnos inaccesibles o profesionales que no alcanzan. La ciudad tiene recursos — pero llegar a ellos es difícil.
Yana no reemplaza al psicólogo ni al trabajador social. Es la puerta de entrada — disponible a las 3 de la mañana, sin turno, sin estigma. Cada conversación que lo amerita llega al equipo de salud mental del municipio.
Yana no opera sola ni de forma autónoma. Cada municipio tiene su propio equipo de salud mental que configura los protocolos, define los umbrales de alerta y supervisa las conversaciones.
Los profesionales deciden cómo responde Yana, qué recursos ofrece al vecino y en qué momento intervenir directamente. La IA amplía la capacidad del equipo — nunca lo reemplaza. La autoridad clínica siempre queda en manos de los profesionales habilitados.
Yana está diseñada para implementarse desde el municipio — porque el municipio es el único actor con la confianza institucional, los protocolos reales y el alcance territorial para llegar a cada vecino.
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